¿Infame? ¿Él? Por favor... le sobraba por lo menos un apellido, no había manera de que Philip sintiera que él carecía de honra. Quizás Ryder le hacía mala fama, pero era fama al fin. Estaba orgulloso de ser quien era, con sus excentricidades y todo, no sabía vivir de otra manera y había tenido la suerte de no tener que aprenderlo. El único inconveniente de ser un obsesivo, un quejoso y sentir que nadie hacía nada tan bien como podía llegar a hacerlo él, era que tenía el cuello duro, rígido como una roca. La cabeza le dolía usualmente, por eso su amigo le había insistido varias veces en que probara con su masajista, pero Philip tenía algo de reticencia. Eso de que un desconocido te toque... no le convencía, hasta que se despertó con el cuello tan endurecido que apenas podía girarlo para mirar a la izquierda. Algo a mitad de camino lo detenía y era una punzada horrible de dolor. Odió ver la sonrisa de satisfacción de Ryder cuando le pidió que lo contactara con la masajista que tanto le publicitaba.
Así que ahí estaba, esperando en la puerta de un departamento, luego de pasar todo el día sin mover la cabeza, como un búho. También odió ver las sonrisitas de Mathilda en la oficina, aunque en realidad nunca las vio pero las imaginó y estaba seguro de que estaba disfrutando su sufrimiento como la peor. Para tranquilidad de Regina, Philip llegó cinco minutos antes pero como es un obsesivo esperó a ser terriblemente puntual y recién cuando su reloj marcó las siete en punto, golpeó
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El que quiere celeste
- Philip Bagnold-Browne
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Re: El que quiere celeste
Aguantó la tentación de irse, básicamente porque si hubiera querido moverse para desaparecer de ese edificio de muggles, la punzada de dolor en el cuello se lo hubiera impedido. Quería quedarse quieto como estatua, eso o que le cortaran el cuello y quedar como Nick casi decapitado. No era un mal plan, podía fastidiar a Mathilda desde el más allá para siempre.
Aunque Philip tampoco era de sonreír como saludo, lo desorientó la perorata de Regina. Claro que era una emergencia! Estaba duro como un búho, por eso la miraba desde arriba, cosa de no mover el cuello. "Buenas tardes" murmuró esperando que ella dijera lo mismo, recién sintiéndose un poco más cómodo cuando finalmente la chica se presentó "Sí, soy Philip Bagnold-Browne" se presentó más acostumbrado a usar siempre su apellido que con ánimo de presumirlo, no fue su intención, desconociendo que ella era reticente a usar el suyo "Podría decirse que es una emergencia... no puedo mover mi cuello desde que me desperté" le explicó.
Sintió el aroma al entrar al pequeño lugar, casi tan pequeño como el de Mathilda pero mejor decorado y ordenado, a Philip le dio comodidad ver que ella tenía buen gusto, también el olor a manzana puede haber ayudado a que se fuera relajando. "Sí, por favor" respondió al ofrecimiento de té, estaba más para un vodka o algo que le aliviara el dolor y lo dejara inconsciente mientras ella le daba el masaje, pero un té estaba bien. Seguro era culpa del olor a manzana. ¿No tenía un crumble por ahí también?
Aunque Philip tampoco era de sonreír como saludo, lo desorientó la perorata de Regina. Claro que era una emergencia! Estaba duro como un búho, por eso la miraba desde arriba, cosa de no mover el cuello. "Buenas tardes" murmuró esperando que ella dijera lo mismo, recién sintiéndose un poco más cómodo cuando finalmente la chica se presentó "Sí, soy Philip Bagnold-Browne" se presentó más acostumbrado a usar siempre su apellido que con ánimo de presumirlo, no fue su intención, desconociendo que ella era reticente a usar el suyo "Podría decirse que es una emergencia... no puedo mover mi cuello desde que me desperté" le explicó.
Sintió el aroma al entrar al pequeño lugar, casi tan pequeño como el de Mathilda pero mejor decorado y ordenado, a Philip le dio comodidad ver que ella tenía buen gusto, también el olor a manzana puede haber ayudado a que se fuera relajando. "Sí, por favor" respondió al ofrecimiento de té, estaba más para un vodka o algo que le aliviara el dolor y lo dejara inconsciente mientras ella le daba el masaje, pero un té estaba bien. Seguro era culpa del olor a manzana. ¿No tenía un crumble por ahí también?

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Re: El que quiere celeste
Aunque hablaba de comodidad, la sinceridad de Regina no hacía más que generarle el efecto contrario. Apenas habían cruzado palabra y ya le pedía que se quitara la ropa? Iba a estar todo el rato así? Si apenas le había mirado el cuello y ni lo había tocado para ver qué tenía.
Tomó la toalla por reflejo, sosteniéndola con algo de desgano mientras la escuchaba. Vaciló un instante, realmente no quería sacarse su traje, si pudiera dormiría con sus camisas, siempre listo para el trabajo, ¿y ahora tenía que CASI desnudarse para que le den un masaje? Odió a Ryder en silencio, por esas cosas mariquitas y extrañas en las que lo embarcaba.
"Ok, gracias" contestó sin saber por qué ¿gracias por el té? ¿gracias por dejarme usar tu baño para tener mis últimos minutos de dignidad a solas? Dejarse la ropa interior puesta no servía de consuelo, se sentía ridículo mientras se quitaba el saco y luego la camisa. Sólo sintió real alivio al sacarse los zapatos, andar descalzo debería ser una ley en el Ministerio. Como es un obsesivo, también se dejó las medias y, una vez que se quitó el pantalón, se envolvió en la toalla, dejando su torso algo regordete pero firme gracias al esgrima, al descubierto.
Caminó sintiendo el frío del suelo bajo sus medias finas y volvió algo incómodo a donde estaba Regina con su té. Decidió sostenerle la mirada pero tener la mente en otro lado, en las ganas que tenía de comer algo con manzana, por ejemplo. Todo lo demás, era humillante.
Tomó la toalla por reflejo, sosteniéndola con algo de desgano mientras la escuchaba. Vaciló un instante, realmente no quería sacarse su traje, si pudiera dormiría con sus camisas, siempre listo para el trabajo, ¿y ahora tenía que CASI desnudarse para que le den un masaje? Odió a Ryder en silencio, por esas cosas mariquitas y extrañas en las que lo embarcaba.
"Ok, gracias" contestó sin saber por qué ¿gracias por el té? ¿gracias por dejarme usar tu baño para tener mis últimos minutos de dignidad a solas? Dejarse la ropa interior puesta no servía de consuelo, se sentía ridículo mientras se quitaba el saco y luego la camisa. Sólo sintió real alivio al sacarse los zapatos, andar descalzo debería ser una ley en el Ministerio. Como es un obsesivo, también se dejó las medias y, una vez que se quitó el pantalón, se envolvió en la toalla, dejando su torso algo regordete pero firme gracias al esgrima, al descubierto.
Caminó sintiendo el frío del suelo bajo sus medias finas y volvió algo incómodo a donde estaba Regina con su té. Decidió sostenerle la mirada pero tener la mente en otro lado, en las ganas que tenía de comer algo con manzana, por ejemplo. Todo lo demás, era humillante.

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Re: El que quiere celeste
Recibió la taza de té en sus manos, agradecido por el calor y por tener algo con qué entretenerse para olvidar que estaba semidesnudo en el monoambiente de prácticamente una desconocida. Obedeció en silencio, sentándose de espaldas a ella para que pudiera mirar su cuello y lo contracturada que tenía la espalda.
"No sé si Ryder te explicó... tengo el cuello contracturado todo el tiempo" extraño en alguien como él, ponerse nervioso lo volvía verborrágico y ni siquiera entretenerse revolviendo el té lo calmaba "No sé si puedas hacer mucho por mi espalda, pero si pudiera volver a girar la cabeza ya estaría agradecido" fue sincero y aunque podía sonar a falta de confianza en Regina, en realidad estaba queriendo quitarle presión, si es que ella la sentía. Su espalda y cuello eran un desastre, no esperaba milagros de ella. Se preguntó entonces de qué servía la magia si ni siquiera podía usar su varita o tomar alguna poción o algo que hiciera que su problema se solucionara sin tener que pasar por esa situación humillante.
Philip bajó la cabeza, como pudo, para dejarla trabajar y le dio un sorbo apurado al té, algo le decía que apenas Regina lo tocara le haría ver las estrellas del dolor y ya no podría tomar en paz.
"No sé si Ryder te explicó... tengo el cuello contracturado todo el tiempo" extraño en alguien como él, ponerse nervioso lo volvía verborrágico y ni siquiera entretenerse revolviendo el té lo calmaba "No sé si puedas hacer mucho por mi espalda, pero si pudiera volver a girar la cabeza ya estaría agradecido" fue sincero y aunque podía sonar a falta de confianza en Regina, en realidad estaba queriendo quitarle presión, si es que ella la sentía. Su espalda y cuello eran un desastre, no esperaba milagros de ella. Se preguntó entonces de qué servía la magia si ni siquiera podía usar su varita o tomar alguna poción o algo que hiciera que su problema se solucionara sin tener que pasar por esa situación humillante.
Philip bajó la cabeza, como pudo, para dejarla trabajar y le dio un sorbo apurado al té, algo le decía que apenas Regina lo tocara le haría ver las estrellas del dolor y ya no podría tomar en paz.

