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El regalo que no esperaba, parte II

La capital de Inglaterra, ciudad del Ministerio de Magia, la estación King's Cross, Tower of London, Buckingham Palace, Piccadilly Circus, Soho, Westminster Abbey, Houses of Parliament, Big Ben, St Paul's Cathedral, The British Museum, y cualquier otro lugar que se te ocurra.
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Frankie Gibbs
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Existen dos formas de explicar esta situación: La larga y la corta, y como acá amamos leer post bíblicos que pudieron resumirse a un párrafo (obvio que si), nos vamos por la larga.

Frankie no estaba allí viendo a Prunilla porque quisiera, obviamente. Tampoco estaba allí haciéndole un favor a Roan o si acaso a Mila, a pesar de que indirectamente eso hacía. No. Frankie estaba allí para brindarse una oportunidad de oro que utilizaría en un futuro. Tal vez no vio la imagen completa cuando esa lechuza llegó, sin embargo, luego de pasar tanto tiempo con Roan una puede aprender las bondades de pensar las cosas antes de hacerlas, y sólo por eso, Frankie Gibbs no lucía exactamente como ella esa noche, y sí más como cierta flacucha que apreciaría a esas bailarinas con tutús de algodón de azúcar.
Roan Fletwock escribió:Estimada Frances:

Hola, soy yo. No sé como empezar esta carta, nunca te envié una lechuza antes. Generalmente, te tengo bastante a mano para decirte lo que quiero. Pero no puedo decirte esto en persona, porque me da un poco de vergüenza y, fundamentalmente, no quiero que nadie oiga lo que tengo para decir.

Me dirijo a ti en esta ocasión con dos propósitos. En primer lugar, quiero agradecerte por tus visitas para las clases de equitación. Sé que te prometí enseñarte en Pascuas, pero debido a asuntos de conocimiento público, me has ayudado a distraerme lo suficiente como para no pensar demasiado en ello. Tal vez por lo agradecido que estoy me cuesta explicar el verdadero propósito de esta carta. Necesito solicitarte un favor de extrema importancia. Probablemente no vaya a gustarte demasiado, pero no tengo a quién más pedirle algo así. No puedo revelarte la naturaleza del favor en persona, así que pasaré a explicarte aquí.

Mi amiga Mila, cumple años próximamente. Como seguramente sabrás, ella tiene algo así como una pequeña obsesión por salir con personas que sus padres no aprobarían jamás, así que he decidido regalarle algo así como un pase libre. Sus padres (y los míos) piensan que la llevaré al ballet, pero el plan (mi plan, ella no sabe nada) es que tan pronto lleguemos al teatro ella se escabulla fuera de vista para ir a visitar a su novio. Realmente, no me interesa qué vaya a hacer, sólo quiero darle un recreo de su verano, así cómo tú me diste uno del mío. El problema es que, si conozco un poco a nuestros padres, van a estar observándonos aún dentro del teatro. Ahí es donde entras tú. Necesito que tomes un poción multijugos y seas Mila por un rato. Podemos quedarnos en el ballet o escabullirnos, pero necesito que le des un margen de tiempo hasta que logre retirarse. También necesito que seas discreta acerca de esto, tu papá o mamá no pueden decirle a mi mamá que estabas conmigo.

Sé que es pedir mucho y no quiero que pienses que debes hacerlo sólo porque te di clases en verano. Prometo que si haces esto por mi (o por Mila, más bien), voy a devolverte el favor en el colegio. Puedo hacer la vista a un lado cuando me lo pidas, alguna vez, o lo que sea que quieras. Tienes mi palabra y sabes lo que eso significa.

Desde ya, disculpa las molestias. Esperaré una respuesta a la brevedad.

Atte,
R.M. Fletwock

PD. Si divulgas el contenido de esta carta voy a hacerte la vida un infierno cuando volvamos al castillo.
Frankie Gibbs escribió:Querido Roan,

No me gusta el ballet, Mila no me agrada y sospecho que mi ropa se romperá cuando vuelva a mi estado original.

Dicho eso, lo haré, nada más porque un día sin que tu trasero no se entrometa en mis asuntos es demasiado bueno para dejarlo pasar.
Eso y que te debo una con lo de equitación y de salvarme la vida y todo eso.

Frankie.



Claro, Frankie no llegó luciendo igual que Mila porque sería dificilísimo que Holly tuviese exactamente el mismo vestido, pero en un arrebato de inteligencia que jamás se le hubiese ocurrido a ella, las chicas cambiaron atuendo en el baño. A Frankie no le gustó mucho la idea al principio, había elegido ese vestido porque sintió que cuando regresara a su estado original, éste no se rompería. Ahora tenía que atenerse a las consecuencias y a la probable metida de mano de Roan para arreglarle el vestido una vez más. Nada, lo de siempre.

De vuelta en el palco, o al menos al principio del show (porque así se puede llamar, ¿No? ¿O eso también es un ágape, Roan?), Frankie no fue la mejor compañía que se diga y no es para menos: ¿Cómo es que no se podía consumir dentro el teatro? ¿Ni un chocolatico o Kit Kat para pasar el aburrimiento? Bien Mila puede tener la mitad de estómago que Frankie pero le daba hambre igual, ¿Sabían?

Entonces, sin un dulce para pasar el rato, Frankie/Mila se quedó dormida con mucha rapidez. Al principio su cabeza estaba simplemente girada hacia el asiento, pero eventualmente terminó puesta sobre el hombro de Roan, el que, como ya se aclaró en otro thread, era mucho más macizo que lo que el uniforme escolar dejaba ver.

En uno de esos momentos épicos que tienen las canciones clásicas, Frankie se despertó, dando un saltito en el lugar. Tardará un par de segundos en darse cuenta dónde estaba, o más específicamente, qué hacía ella en un ballet mágico con Roan Fletwock a su lado y siendo delgada.


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Frankie Gibbs
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Miró a Roan un largo rato (cinco segundos), con el ceño fruncido y una expresión que no decía otra cosa que confusión. Luego, como si los engranajes de su cerebro se hubiesen calibrado, recordó todo su camino hasta llegar a este momento preciso: La carta, la aceptación, la búsqueda en el armario de Holly por un vestido stretch y (asco) ropa interior miniatura, la poción multijugos y finalmente el ballet mágico de Prunilla. Frankie relajó su semblante y soltó un "Ahhh, ya." Con su propia voz, grave y rasposa, antes de volver la vista hacia las mujeres bailando, levitando y poniendo sus pies dolorosamente en punta.

No faltó mucho antes de que Frankie se impacientara de nuevo, con lo que se inclinó hacia Roan y le habló al oído, usando una mano para mejorar la acústica "¿De verdad tenemos que quedarnos todo el rato? Porque esto no estaba en el contrato." Quiso saber. A ella no le importaba volver a la comodidad de los hombros de Roan y dormir todo el show si no supiese que despertaría con un dolor de cuello, sin mencionar que la música la despertaría a cada rato.
Deberían hacer ballets con música de Johnny Cash o Tom Petty and the Heartbreakers. Eso sí que llama la atención.


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Frankie Gibbs
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Frankie no iba a negarlo tampoco: Se sentía natural estar con Roan. Tal vez no podía hacer las mismas bromas que con Bertie ni podía golpearlo en el hombro o burlarse de que parece un espantapájaros que tiene la misma apariencia desde que tiene once, pero podía reírse porque tienen cosas en común y él, a su lado y sin esa placa de prefecto brillante, no era tan estirado y snob. No llegaba a ser simpático, obviamente, pero no era difícil de llevar.

Rió, también, a su forma toda inspirada y horrible, antes de apoyarse de los posabrazos y ponerse de pie para salir por un costado hasta las escaleras que los conducirían hacia la salida.

Frankie se sentía ligera al caminar, y no podía evitar observarse los brazos y las manos, todas delicadas y con manicura hecha. Extrañaba cómo su pelo le caía sobre los hombros y, por extraño que se lea, el peso de sus pechos que la obligan a encorvarse un poco y andar un tanto desgarbada. Con el cuerpo de Mila parecía que había una sola forma de caminar: Como si estuvieras en una nube. No obstante, Frankie no podía caminar así, por lo que parecía una cosa extraña caminando. ¿Falta decir que no sabe andar en tacones? Si, ya sabía yo que no.


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Aparte de la falta de gracia, era como muy plana al caminar. No terminaba de aprender que debía, primero, apoyar el talón y luego el resto del pie, así que pisaba con el pie completo, haciendo ruido con cada pisada. No debía pensar tanto con sus cómodas botas llenas de barro.

Frankie era una adolescente en crecimiento. Debía alimentarse seis veces al día: Las tres comidas y las tres meriendas, una a media mañana, a media tarde y, como ella no duerme mucho, a media noche. Esas caderas no se llenaron nada más porque sí.

"Siento que puedo comerme a Günther." Le respondió, llevándose la mano a su plano estómago donde, si presionaba, podía sentir sus tripas moviéndose, clamando por alimento.

No se molestó cuando Roan la tomó del codo porque se distrajo con la mención de las haras. A Frankie no le molestaba el contacto personal pero que la agarraran del codo se le hacía incómodo. De todas formas, no hizo nada más que sonreír porque a ella también le gustaban las cosas ecuestres donde se pueda percibir el olor de su heno en el aire.

"¿Ahí me puedo quitar los zapatos?" Preguntó, interesada. Siguió bajando las escaleras, agarrando de inmediato el pasamanos con sus delicadas manos por temor a doblarse un tobillo y caer con la cero gracia que la caracterizaba por las escaleras. Aún si le dijera que no (que no le sorprendería porque quitarse los zapatos en un restaurante le sonaba como a una falta de protocolo), Frankie accedería igual, porque donde hay alcohol, ahí está ella. Ese es su nuevo dicho.


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Todavía trastabillaba un poco al bajar, pero llegó al elegante vestíbulo en una pieza. Frankie normalmente no notaba esas cosas, cabe aclarar. Si un lugar era elegante o no ella no reparaba en ello. Se fijaba, más bien, en las cosas extrañas o más simples, porque ella era una granjera que vivía en una gran casa donde lo más elegante era el recibidor y ella nunca estaba allí. Por eso, no miraba a su alrededor para admirar el hermoso arte del vestíbulo y su vista sólo se posaba en la salida hacia su libertad.

Si aquello fue sarcasmo, Frankie no lo notó. "Claro que la conozco, aunque no estoy segura de que le caiga bien." Le respondió, sincera como siempre. Laurentia la intimidaba, no hay que mentir. Normalmente le chocaba la gente elegante pero con la mamá de Roan no le pasaba eso. Laurentia era más como una presencia imponente que una reina snob. Podía ser agradable y estricta al mismo tiempo y eso la confundía un poco. Frankie trataba de no pasar mucho tiempo en una misma habitación que ella porque automáticamente no se comportaba como sí misma, y Frankie sufre cuando no puede ser ella misma.

En cierto momento, Frankie se dejó llevar por Roan porque no estaba segura de cuál sería su transporte. De reojo notó que había una chimenea para las personas millonarias amantes del ballet que no le tenían miedo a ensuciarse la ropa. Suponía, también, que estaba permitido aparecerse. No escuchaba ningún sonido característico de la aparición, igual. Nadie se aparecería cuando ya llevaba medio show empezado.


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Cuando supo cómo se irían, Frankie ensanchó sus pasos pero sin disminuir su torpeza, dirigiéndose hacia la chimenea de mármol. La noticia de que le caía bien a Laurentia Fletwock la hizo sonreír de lado. No tenía idea de que la adoraba, que la pasaba se lo creía pero jamás que la adoraba. Como se dijo, Frankie se siente tan rara en su presencia que notar esas pequeñas señales de simpatía para con ella se le hacía prácticamente imposible. Era agradable saberlo, de todas formas.

La otra noticia, por otro lado, le causó más que impresión.
Frankie se detuvo en seco y miró a Roan con ojos desorbitados, casi sin poder creer lo que estaba oyendo. "¿Me estás hablando en serio?" Preguntó, incrédula. Ella creía que estaba en el fondo del hueco del final de la lista de las posibles candidatas de Roan Fletwock. "¿No es que ustedes buscan como la candidata genética ideal? ¿La que juntada contigo saquen bebés perfectos?" Preguntó, de nuevo, sin quitar la cara de asombro. O sea, ella sabía que no era mala montando, así que por ambos lados era posible que saliera un jinete decente pero, ¿Qué hay de la actitud? Frankie no tenía idea de cómo funcionaba el asunto del ADN pero sospechaba que ciertas costumbres se debían pegar a los hijos. Ella estaba bien con como era pero Roan no, por eso habían evitado ser amigos durante todo este tiempo.


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La mirada de desconcierto le duró un momento más porque no sabía exactamente cómo sentirse con todo esto, excepto que sabía exactamente lo que sentía en este momento: Halago. Frankie se sentía halagada de ser una buena candidata para procrear hijos perfectos con Roan Fletwock. Sabía que eso no ocurriría, por supuesto. Su papá jamás la obligaría a casarse con alguien si no es por amor. Él se casó con una muggle, arruinando su vida social mágica y estaba bien. Ella no se casaría con Roan a pesar de ser una buena opción y eso estaba bien. Todo estaba bien, súper bien, nada menos que bien.

Negó con la cabeza. "Por nada, es sólo gracioso. ¿Te imaginas que mi papá estuviese de acuerdo y nos comprometieran? Sería el infierno." Comentó, como bromeando, mientras se terminaba de acercar a la chimenea, viéndola de frente por unos segundos antes de entrar. Suponía que Roan, por saber lo que debían decir exactamente, sería el que agarraría el puñado de polvos flu.


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Enfocó sus ojos que no eran sus ojos sobre él, pensando en lo que Roan veía positivo en su relación que ella estaba pasando por alto. Frankie no lo iba a negar, se la pasaba bien con él. Era una relación extraña pero correcta, casi inevitable por la larga trayectoria que tiene la relación entre sus familias. Jamás pensó que podría sentirse a gusto junto a él porque tenía esta perenne sensación de que todo lo que hacía estaba mal a su alrededor. Es difícil decir si esa sensación desapareció del todo, Frankie cambiaba un poco al lado de Roan: Un tanto menos explosiva, un tanto más receptiva, como ahora, que cuando él le sugirió quitarse los zapatos ella lo hizo obedientemente, sosteniendo los zapatos de Mila con una mano y agarrándole la mano a Roan con la otra. Dudó un segundo antes de tomarla porque seguía siendo Frankie debajo de ese cuerpo, pero su agarre fue fuerte, como si le tuviese plena confianza a su compañero de casa.

A Frankie no le gustaban mucho los viajes por la red flu. Sostenía que había mejores maneras de viajar, sea por caballos alados, escobas o una vieja pick up de su vecino granjero muggle. Sin embargo, como bien lo dictaban las reglas, ella se mantuvo inmóvil y sin abrir la boca para no tragar cenizas, vio muchas cosas pero ninguna se le grabó en la cabeza como para comentarlas con Roan durante la cena, aunque el viaje no fue en realidad largo.

Al llegar, Frankie tenía el hombro literalmente pegado al de Roan, y se quedó así durante un segundo después de llegar. Cuando terminó de reaccionar, se separó, soltándole la mano al mismo tiempo y poniéndose los zapatos de una vez.
Tenía que llegar a la mesa con ellos antes de quitárselos, al menos.


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Es verdad, Frankie había notado que Roan ahora era especialmente cuidadoso a la hora de colocarle las monturas pero siempre pensó que en su mente se decía algo como 'Ahora no te vas a soltar y no me harás despeinarme, niña venida del infierno', agregando un 'Muajaja' al final porque eso de poner a Roan como un villano de cuentos infantiles nunca pasaba de moda. Igual, Frankie tampoco se quejaba cuando le apretaba las cuerdas, ella no quería pasar por eso de nuevo, se había asustado demasiado.

Apenas se colocó los zapatos, volvió a sentir el dolor que se asociaba a los pies hinchados. Esbozó una mueca pero no dijo nada porque no le gustaba quejarse de dolores y se puso erguida, quitándose apenas las cenizas del vestido. "Subsuelo." Contestó sin más porque suponía que allí habría menos gente y podría quitarse los zapatos con más libertad.

Se ayudó de las paredes para salir de la chimenea, aunque muy probablemente pudo haber usado a Roan para eso. Observó el lugar esbozando una pequeña sonrisa. Lo único que le hacía falta para hacerlo perfecto es el aroma a heno Gibbs. De repente se le ocurrió que podrían sacar un aromatizante con ese olor. Le hablaría luego a Bruno sobre su idea millonaria.

Frankie caminó hacia las primeras escaleras que vio que daban hacia abajo. Tal vez debió preguntarle a Roan cuál era el camino. Capaz se estaba dirigiendo al baño.


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El Roan de la cabeza de Frankie puede ser bastante distinto al Roan real. De alguna forma tiene que justificar las veces que él tiene la razón y ella no. Era un trabajo difícil porque a veces le tocaba distorsionar la realidad para poner las cosas a su favor. Tal vez sí tenía ciertos problemas mentales pero según su cabeza Roan era el retrasado el noventa por ciento del tiempo.

Por alguna razón, soltó un suspiro cuando pisó el último peldaño y observó todo. No estaba segura de que el sótano le gustara más que el piso de arriba pero los dos le transmitían una buena sensación, como de hogar. Volteó cuando Roan le habló y esbozó una pequeña sonrisa. "Si, es fantástico. Le diré a mi papá que nos traiga acá." Contestó. Frankie sabía que los Fletwock no sólo tenían caballos alados pero siempre los asociaba sólo con ese negocio. Siempre se le olvidaba que los ricos siempre buscan expandirse. Los Gibbs no son unos ricos normales al parecer.

Caminó hacia esa mesa con los que parecía eran los sillones más mullidos del planeta y tomó asiento casi en una esquina. Pensó un poco y se dio cuenta de que tal vez Roan querría sentarse a su lado, así que saltó dos veces para el lado contrario, haciendo un espacio para él como si no hubiese más lugar.


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Frankie, que a pesar de ahora juntarse un poco más con gente de alcurnia, seguía siendo esa chica bruta de cabello abundante y fabuloso, incluso dentro de ese cuerpo delicado de bailarina. Así que, apretando los labios después de oír el comentario, hizo de su mano derecha un puño y le propinó un golpe en el hombro a Roan. Probablemente le dolió más a ella que a él porque esa manito delicada no sabe lo que es una buena pelea. Se atragantó el dolor punzante en sus nudillos y miró a Roan con una sonrisa ladeada "¿Ya me ves mejor?" Preguntó en tono burlón, antes de girar la vista hacia el frente. "Escucha, si vamos a hacer esto, será mejor que me veas como soy yo. No me siento cómoda con que me confundas con Mila." Admitió, muy sincera. A Frankie no le caía mal ella, pero era una cuestión de preferencias. Se tenía demasiado amor propio.

Colocó las manos sobre la mesa, aprovechando el momento para acariciarse la mano que aún le dolía un poco por el golpe. Pero qué débil Mila, de verdad.
"¿Y bien? ¿Cuándo comemos?" Preguntó un poco demasiado animada. Frankie siempre quiere comer y después de ver semejante presentación de ballet pues aún más.


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Mensaje por Frankie Gibbs »

Entornó los ojos. ¿Qué clase de pregunta era es? ¡Claro que siempre tenía hambre! O bueno, eso no era muy exacto. No siempre le duele el estómago, eso sería síntoma de una muy fea enfermedad que hay que tratarla de inmediato. No. Pero Frankie siempre tiene ganas de comer, como un perrito: le pones algo que le guste y siempre se lo comerá, sin importar si acaba de almorzar, por lo tanto, la pregunta se le hizo un poco tonta pero estaba bien que pensara eso, Roan seguro come lechuga con atún como las misses todos los días y batidos de proteínas para mantener la musculatura nada más. Seguramente no, recién se daba cuenta que no se fijaba lo que Roan comía en Hogwarts. Capaz debería fijarse.

Lo imitó levantando la carta pero no leyó de inmediato el menú. "Dices eso porque aún no sabes lo que como antes de ir a tu casa. Te cuento que siempre desborda el plato y tiene mucha grasa." Miró a Roan sonriendo. Eso era mentira, claro. No es como si Frankie desayunara un plato de pasta todos los días (asco), pero le gustaba exagerar siempre y cuando alterara un poco a Roan.
Le gustaba causar algún tipo de efecto en ese semblante tan serio de él.

Cerrado.


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