Nunca la había escuchado hablar de su familia, pero no debería sorprenderle lo que Mathilda decía. Si tuviera una familia detrás apoyándola, posiblemente no hubiera estado enferma, sola y sin comida, ni en ese cuarto en el que vivía.
Fue levantando la mano, acariciándole el cabello desde más arriba mientras la escuchaba. Negó con la cabeza "Tu padre no puede odiarte" dijo incrédulo antes de soltarla y mirarla, acercando más su cara a la de ella "TU eres perfecta" ¿Ahora quién iba a querer matarse a la mañana siguiente si es que podía reproducir algo de todo este diálogo en su cabeza?
"Vamos" volvió con eso de querer levantarse y acompañarla hasta su casa "Tenemos que pararnos" le dijo agarrándose de la pared detrás de él, intentando hacer fuerza para ponerse de pie y ayudarla a Mathilda a hacer lo mismo.
Beyond Hogwarts RPG - Foro de rol Play-By-Post ambientado en el mundo de Harry Potter
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Aquella noche loca de los mil tequilas
- Philip Bagnold-Browne
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Re: Aquella noche loca de los mil tequilas
En ese momento, llevado por el alcohol y por la sensación de cercanía con ella, no estaba opinando objetivamente ni en sus cabales. Cuando la viera el lunes en la oficina claramente ya no pensaría lo mismo sobre su perfección. También, posiblemente cuando entendiera que la madre de Mathilda era alcohólica, se iba a sentir avergonzado porque él era igual, y la estaba arrastrando a Harvey a hacer lo mismo.
Philip no la besó no porque no quisiera, sino porque el mareo no le permitía darse cuenta de las distancias y creía que ella ya no querría ese tipo de contacto físico después de que él vomitara en la vereda. Como pudo, sosteniéndose de una mano se puso de pie y con el brazo derecho la ayudó a pararse también. Bajó la cabeza por el mareo que le provocó levantarse rápido y sonrió porque Mathilda seguía chistándose a sí misma.
"Claro que te voy a acompañar" contestó, ofreciéndole el brazo para caminar juntos, un poco le vendría bien compartir el equilibrio que tenía la chica gracias a sus zapatos encantados "Ya te dije que no tenías que estar sola" agregó intentando empezar a caminar. Menos mal que eran pocas cuadras.
Philip no la besó no porque no quisiera, sino porque el mareo no le permitía darse cuenta de las distancias y creía que ella ya no querría ese tipo de contacto físico después de que él vomitara en la vereda. Como pudo, sosteniéndose de una mano se puso de pie y con el brazo derecho la ayudó a pararse también. Bajó la cabeza por el mareo que le provocó levantarse rápido y sonrió porque Mathilda seguía chistándose a sí misma.
"Claro que te voy a acompañar" contestó, ofreciéndole el brazo para caminar juntos, un poco le vendría bien compartir el equilibrio que tenía la chica gracias a sus zapatos encantados "Ya te dije que no tenías que estar sola" agregó intentando empezar a caminar. Menos mal que eran pocas cuadras.

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Re: Aquella noche loca de los mil tequilas
Le agradó la sensación de Mathilda rodeando su brazo, no sólo porque le daba más seguridad para caminar, también lo hizo sentir tranquilo y acompañado. Cualquiera que los viera caminar, y no estuviera muy bien de la vista como para notar que estaban ebrios, pensaría que eran una pareja feliz y no podría imaginar lo diferentes que eran a sus 'yo' del día anterior. Cuando estaban en la oficina, mirándose fastidiados, Philip mandoneando a todo el sector y ella entregando resúmenes incompletos.
"No soy tan bueno" respondió "Y tampoco soy un bebé" aunque debería sentirse agradecido porque sobria posiblemente ella lo hubiera llamado galletita o alguno de esos apodos no tan cariñosos sobre su redonda y cachetona cara.
El aire fresco fue haciéndolo sentir mejor y caminar en parte apoyado en ella, hasta que se detuvieron frente a la puerta de la residencia donde estaba el sucucho que Mathilda llamaba casa. Era una suerte que tuviera encantados los zapatos porque las escaleras tenían unos escalones diminutos y empinados que Philip no recordaba con nada de cariño. "Llegamos" le anuncio, esperando que ella soltara el agarre de su brazo para poder despedirse.
"No soy tan bueno" respondió "Y tampoco soy un bebé" aunque debería sentirse agradecido porque sobria posiblemente ella lo hubiera llamado galletita o alguno de esos apodos no tan cariñosos sobre su redonda y cachetona cara.
El aire fresco fue haciéndolo sentir mejor y caminar en parte apoyado en ella, hasta que se detuvieron frente a la puerta de la residencia donde estaba el sucucho que Mathilda llamaba casa. Era una suerte que tuviera encantados los zapatos porque las escaleras tenían unos escalones diminutos y empinados que Philip no recordaba con nada de cariño. "Llegamos" le anuncio, esperando que ella soltara el agarre de su brazo para poder despedirse.

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Re: Aquella noche loca de los mil tequilas
Aunque acostumbrado a no terminar la noche en la vereda de la casa de una chica, si Mathilda le hubiera ofrecido un café lo hubiera rechazado porque la sola idea de que estuviera su compañera y tuvieran que compartir el espacio con alguien más le resultaba desagradable y de una marginalidad indescriptible. Sin embargo, él tampoco quería despedirse, el único motivo por el cual se iba y no le pedía que lo acompañara a su departamento era porque sabía que no iba a soportar aparecerse sin vomitar de nuevo y porque el lugar era un desastre. Todo lo obsesivo que Philip era para el trabajo, no lo era en su casa ahora que vivía solo.
Intentó sonreír y responderle que él también la había pasado bien, pero las manos de Mathilda nuevamente en sus cachetes se lo impidieron. Se inclinó levemente, buscando los labios de la chica y llevando una mano a la muñeca de ella para que lo soltara y poder besarla sin que lo estuviera tomando de las mejillas. Con el otro brazo buscó rodearla por la cintura y profundizar el beso, porque ese roce se sentía bien, por un instante no sentía ni mareo ni el estómago revuelto, sólo el perfume de Harvey que todavía olía bien como cuando llegó, y sus labios que eran suaves y no quería soltarlos.
Intentó sonreír y responderle que él también la había pasado bien, pero las manos de Mathilda nuevamente en sus cachetes se lo impidieron. Se inclinó levemente, buscando los labios de la chica y llevando una mano a la muñeca de ella para que lo soltara y poder besarla sin que lo estuviera tomando de las mejillas. Con el otro brazo buscó rodearla por la cintura y profundizar el beso, porque ese roce se sentía bien, por un instante no sentía ni mareo ni el estómago revuelto, sólo el perfume de Harvey que todavía olía bien como cuando llegó, y sus labios que eran suaves y no quería soltarlos.

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Re: Aquella noche loca de los mil tequilas
¿Existe algún acto de marginalidad que supere a tener sexo con otra persona dormida en la habitación? A Philip no se le ocurría ninguna, posiblemente porque vivía en Londres y no en Buenos Aires.
Cuando sintió las manos de Mathilda en sus hombros, cortó el beso y la miró algo confundido para después entender. Sabía que eso podía pasar, por eso no había querido besarla antes, pero había necesitado hacerlo para despedirse. Se tentó de risa y soltó una carcajada cuando ella propuso hacerlo de nuevo. Asintió con la cabeza, todavía sonriendo "Cuando tú quieras" murmuró y le acarició brevemente una mejilla antes de soltarla y comenzar a caminar hacia atrás "Adiós" se despidió y alzó una mano antes de dar media vuelta. Debía prepararse mentalmente para aparecerse en su departamento y vomitar lo menos posible en el intento.
((Cerrado para mí))
Cuando sintió las manos de Mathilda en sus hombros, cortó el beso y la miró algo confundido para después entender. Sabía que eso podía pasar, por eso no había querido besarla antes, pero había necesitado hacerlo para despedirse. Se tentó de risa y soltó una carcajada cuando ella propuso hacerlo de nuevo. Asintió con la cabeza, todavía sonriendo "Cuando tú quieras" murmuró y le acarició brevemente una mejilla antes de soltarla y comenzar a caminar hacia atrás "Adiós" se despidió y alzó una mano antes de dar media vuelta. Debía prepararse mentalmente para aparecerse en su departamento y vomitar lo menos posible en el intento.
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