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Quinto Desafío: Infancia

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Ted Tonks
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Quinto Desafío: Infancia

Mensaje por Ted Tonks »

[+] Quinto Desafío
Miércoles 1 al Martes 28 de Octubre.

INFANCIA

La temática para el quinto desafío será: INFANCIA.

¿Imaginan cómo habrá sido la infancia de los personajes de este RPG? ¿Qué clase de vida habrán llevado antes de entrar a Hogwarts? Este desafío les permitirá explorar todo aspecto del pasado e inventar historias de cualquier género, elijan el que más les guste, sea de acción, drama, romance, humor, etc.

El ganador será anunciado el 12 de Noviembre en la Cartelera de Anuncios de Lectura Obligatoria.

Los votos se realizan por mensaje privado a las Administradoras, que contarán los votos. Tienen 14 días para votar, en caso de no poder hacerlo en esa fecha por favor comuníquense con la administración.

Posteen su entrada como respuesta a este post inicial con la siguiente forma:

Código: Seleccionar todo

Título:
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y lugares creados por JK Rowling, y pertenecientes a ella. Ningún dinero se ha ganado con esta historia, y no se intenta violar copyrights. Tal personaje me pertenece, al igual que la historia aquí desarrollada.
Tipo: (¿Romance, humor, drama, general?)
Personajes: (Opcional)
Cantidad de Palabras:
Comentarios del autor:
Mucha suerte y cualquier duda siéntanse libres de preguntar. ¡Espero leer sus escritos pronto!


Título: Destino
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y lugares creados por JK Rowling, y pertenecientes a ella. Ningún dinero se ha ganado con esta historia, y no se intenta violar copyrights. Todos los personajes son de Rowling, y con el dinero que tiene, hasta me podría comprar a mí.
Tipo: General
Personajes: Bellatrix, Narcissa y Andromeda Black
Cantidad de Palabras: 916
Comentarios del autor: Creo que yo sólo me entiendo con un montón de cosas que escribí XD Heh, al menos lo intenté.
Bellatrix entró a la sala cargando libros, que dejó sobre la mesa haciendo un gran estruendo, y volvió a darse media vuelta para seguir moviendo cosas de su habitación a la sala de juegos, sobresaltando a Andromeda y Narcissa. Cuando la mesa se desbordó, tirando al suelo varios libros y un caldero que rodó a los pies de Narcissa, fue Andromeda la que, desarrugando su vestido, se levantó de su sillón para acercase a su hermana mayor.

"¿Qué estás haciendo?" le preguntó, notando la expresión repentinamente orgullosa de Bellatrix, que se dejó caer frente a la mesita, rodeada de sus pertenencias.
"Nada, cosas de gente grande" se rió, mala como ella sola, mientras sacaba su varita del bolsillo y la movía entre los dedos.
"Ah" Andromeda alzó los hombros y se dio media vuelta, cuando sintió un tirón en su falda. Miró por sobre su hombro, Bellatrix la tenía agarrada firmemente y tiraba hacia abajo insistentemente para que se sentara.
"Tú también" la voz de Bellatrix sonó seria, casi adulta y mandona en esa niña de once años que miraba a Narcissa con el entrecejo fruncido. La rubia obedeció, con sus movimientos delicados y lentos, quedándose de pie entre sus dos hermanas mayores. Bellatrix tiró del vestido de Narcissa, obligándola a tomar asiento.
"Bella..." llamó suavemente Andromeda, temiendo que Narcissa fuera a lastimarse. Bellatrix ignoró el llamado y, arrojando todas las cosas de la mesita de un manotazo, colocó en el medio una bola de cristal. No tenía Adivinación hasta tercer año, pero había insistido que necesitaba que le compraran una de todos modos, como regalo adelantado de Navidad.

"Como saben" comenzó Bellatrix, colocándose la varita sobre la oreja (que se le salió y tuvo que dejar sobre la mesa) y mirando a sus hermanas severamente "yo soy una alumna de Hogwarts. Por lo tanto, mucho más capacitada que ustedes en lo que a magia se refiere, como mínimo" les dio una mirada furtiva, como para acallar siquiera los pensamientos de Narcissa, que continuaba callada y sobándose suavemente el brazo.
"¿Entonces?" preguntó Andromeda, amable pero intrigada. El cabello le caía en una lluvia de bucles que su mamá le había insistido en hacerse para la temporada de las fiestas, esperando que su apariencia adorable fuera a llamar la atención de algún tío que quisiera comprometerla y asegurarle un futuro. Como si lo necesitara.
"¡Les diré el futuro!" anunció Bellatrix, apoyando las palmas sobre la mesa y levantándose en el lugar.
"No quiero" dijo Narcissa, lentamente, encogiéndose en el lugar. "No quiero saber mi futuro" alzó la vista a Bellatrix.
"...¡Me importa un cuerno!" exclamó, golpeando las manos sobre la mesa. Andromeda se movió unos centímetros hacia atrás, temiendo que Bellatrix fuera a usar la bola de cristal como anexo para descargar su ira. "¡Te diré tu futuro y me vas a escuchar!"
"...¿Sucede algo, niñas?" se oyó una voz masculina a lo lejos, lenta, deliberadamente controlada. Había una sola respuesta que quería escuchar.
"No, papá" repitieron las tres a coro, Bellatrix volvió a sentarse y entrelazó los dedos de las manos.

"¿Ves lo que haces?" preguntó en voz baja mirando a Narcissa.
"Ya, Bella" dijo Andromeda mientras se sostenía el rostro con las manos, los codos sobre las rodillas. "¿Qué ves en nuestro futuro?" preguntó, tratándose de mostrar interesada. Bellatrix clavó la mirada en Narcissa. Andromeda, también.
"...¿Qué-" parpadeó "¿Qué ves?" la rubia repitió, satisfaciendo la necesidad de atención de Bellatrix.
Bellatrix colocó ambas manos justo por encima de la bola de cristal, y cerró los ojos. Narcissa miró a Andromeda, quien se encogió de hombros y volvió a mirar a la mayor de las Black, esperando reacción. "¡AH!" exclamó Bellatrix, abriendo los ojos y clavándolos en la bola de cristal. "Veo muy, muy claramente... ¡que Narcissa se quedará calva a los veinte!"
"¿Qué?" Narcissa, normalmente tranquila y organizada hasta en sus pensamientos, casi se resbaló intentando ponerse de pie. Los ojos bien abiertos, y la piel más pálida de lo normal. Sintió que le subía un ardor por la garganta, y las ganas de echarse a llorar.
"¡No puedes escapar tu destino, pelona!" exclamó Bellatrix entre risas. Narcissa se puso de pie, y dando pisotones en el piso se retiró, ocultando de sus hermanas las lágrimas que se le escapaban de los ojos sin poder evitarlo, tocándose los mechones rubios obsesivamente en silencio.

"Eso no fue muy amable, Bellatrix..." dijo Andromeda, poniéndose de pie mientras colocaba sobre la mesa uno de los libros que su hermana mayor había arrojado al piso.
"Todavía no terminé" agregó la morena con la mirada desafiante. Andromeda, alzando las cejas, volvió a acomodarse en el lugar. Bellatrix cerró los ojos, colocando las manos nuevamente sobre la bola de cristal. Murmuró en voz baja, abriendo los ojos de vez en cuando para mirar el papelito que tenía sobre la falda con apuntes sobre las instrucciones. La bola de cristal pareció nublarse, con un gas espeso y gris en su interior.
"Tu futuro, Andie..." dijo Bellatrix con una sonrisa "¡es casarte con un muuuuggle!" estalló en risas, poniéndose de pie y señalándola con el dedo índice.
"¡Bellatrix, ven aquí!" la voz de su padre resonó por la casa, y las dos escucharon un sollozo ahogado de Narcissa, quien seguramente había ido a preguntar sobre la veracidad de la predicción.
"Demonios" dijo la morena, cruzándose de brazos y caminando hacia la sala con el paso pesado, dejando atrás a Andromeda quien, aún sentada, miraba la bola de cristal con una sonrisa de lado.


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Cathleen Cowershof
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Mensaje por Cathleen Cowershof »

Título: The Beginning of The End.
Disclaimer: En resumen no soy Rowling, esta historia esta basada en lugares y personajes, que ella ideo. No gano nada con esto, porque si ganara algo, lo haría más a menudo. Tampoco intento violar copyrights, mi abogado no es tan bueno, tampoco espero que lo sea.
Tipo: General.
Personajes: Sirius Black (<3)
Cantidad de Palabras: 785
Comentarios del autor: Porque me quede sin Internet y mis recursos son pobres. Y porque si Rowling no le da por publicar su detallada infancia, yo me aprovechare el fandom lo más que pueda.
Walburga Black era una mujer inteligente.

A pesar de su apariencia de mujer sumisa y abnegada. Ella sabía muy bien lo que quería, desde niña lo había tenido claro; quería casarse y tener dos hermosos niños, por supuesto un primogénito varón; y un esposo al que pudiera manejar a su antojo. Porque de pequeña siempre estuvo clara, a la sociedad daría una cara, una de esposa fiel y de madre entregada; pero a pesar de ser silenciosa y apacible, en su hogar, en La Antigua y Noble casa Black se haría lo que ella ordenase, y no aceptaría un ‘no’ por respuesta.

Y así cuando comenzaba a tener lo que tanto anhelaba, le sonreía a la vida soberbiamente, porque la suerte estaba de su lado. No importaba que su esposo no fuese tan manipulable como ella deseaba; se había casado con un hombre con su mismo apellido y sus hijos tendrían sangre doblemente pura, que ella no permitiría que se mezclara.

Todo eso y el alto estatus que tendría en la sociedad mágica, era lo que más le importaba

Orion Black, era un hombre orgulloso.

Para el lo primero era el honor, y eso implicaba que su sangre y la de sus descendientes fuese lo más pura posible, ni una gota muggle en ella. Por eso el día en que le propusieron comprometerse en matrimonio con Walburga, su querida prima segunda, no lo pensó dos veces y acepto. Aquella hermosa mujer de fríos ojos grises, tan parecidos a los suyos, no era para nada estúpida y eso era justo lo que el deseaba.

Y cuando sus dos hijos llegaron a este corrompido mundo, con escasamente un año de diferencia, ambos varones, sanos y hermosos; no pudo más que llenarse de orgullo, y sentir como su hombría incrementaba, porque a su parecer un gran futuro les esperaba a los herederos de La Antigua y Noble casa Black.

Fue entonces cuando la suerte dejo de jugar a su favor; y la soberbia, y el orgullo no sirvieron para nada.

Porque a la edad de diez años, Sirius Black, el primogénito de Orion y Walburga Black, comprendió que no era una pequeña diferencia lo que lo diferenciaba de ellos, su pequeño hermano y el resto de los honorables Black; era una grieta una de esas que no tienen arreglo.

El no lograba entender, porque debía seguir todas aquellas reglas estúpidas y sin sentido.

Para el aquel tan sagrado ‘Toujours pur’ carecía de significado alguno.

Para el ser Black no significaba ser de la realeza.

Porque para Sirius Black, ser un Black no era más que una tortura que no merecía.

Todo eso era el principio del fin.

Cuando Walburga y Orion, cayeron en cuenta de ello, no pudieron culparse. El obvio desinterés que mostraba su hijo mayor, frente a temas que a su pequeño hijo le parecían de lo más apropiados e interesantes; las muecas de desprecio que realizaba en las reuniones de alta alcurnia; las respuestas simplonas que dirigía a los mayores.

¡La gran amistad que profesaba por aquel loco de Alphard!

Se dijeron a sí mismos, que cuando entrase a Hogwarts y se viese privado de aquellos mimos que solían hacerle, de la elegancia y sofisticación de La Antigua y Noble casa Black, rectificaría y volvería por el buen camino; porque ellos estaban seguros de que su primogénito no soportaría estar tan cerca de esos ‘sangre mezclada’ o peor aun de esos tan desagradables ‘sangre sucias’.

Tampoco es que ellos fueran los padres más cariñosos del mundo.

Pensar en aquello seria casi contra natura. Ellos habían educado a sus pequeños de manera dura y estricta, preparados para la dura vida de sociedad, para llevar la real carga de ser un Black con orgullo.

-Sirius, querido…- había hablado Walburga melosamente, la mañana del 1ero de septiembre de 1970 –Recuerda buscar a tu prima Bellatrix cuando subas al tren. Ella te presentara con personas de nuestro estatus.

-Por supuesto madre.

Y Sirius tomando su desayuno, e ignorando a su madre, que no dejaba de arreglar su cabello y sus ropas; había decidido que cuando pusiese un pie sobre aquel soñado tren, huiría lo más lejos posible de su detestable prima.

-Y también recuerda- agrego Orion sin siquiera mirarlo –Entrar a Slytherin, porque ningún Black pisaría otra casa que no fuera ella.

-Claro que si padre.

Y Sirius sin siquiera subir la mirada, sin voltear a mirar a Regulus, su pequeño hermano que halaba la manga de su saco; sonrío prepotentemente, aquella sonrisa tan propia de el, decidiendo así que procuraría entrar a cualquier casa en Hogwarts, menos en Slytherin.

Porque para el Gryffindor, era una oferta más atractiva.

Definitivamente, todo eso tan solo era el principio del fin.



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Rabastan Lestrange
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Registrado: 16 Nov 2007 19:12
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Mensaje por Rabastan Lestrange »

Título: Tragarse las palabras
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y lugares creados por JK Rowling, y pertenecientes a ella. Ningún dinero se ha ganado con esta historia, y no se intenta violar copyrights. Ni siquiera puedo decir que Rabastan es mío, él al igual que los Black y toda la bola son de Rowling. Los otros personajes son de sus respectivos players.
Tipo: General
Cantidad de Palabras: 1078 (opa, me re puse las pilas)
Comentarios del autor: Empecé pensando en hacerlo sobre Regulus, después sobre Tracy y cuando me di cuenta era todo este quilombo de personajes.

Sus zapatitos planos dieron pasos seguros al entrar a la librería, su institutriz detrás de ella releía la lista de libros que tenían que llevar. Tracy la ignoró, apurándose para perderla de vista mientras pasaba por entre las mesas con ejemplares polvorientos y sucios hasta las estanterías de los tomos enciclopédicos de medimagia. Sabía que ellos iban a estar allí, su prima le había comentado que esa era la costumbre de los que querían entrar en Slytherin. Su cabello castaño claro en ordenados bucles rebotó encantadoramente sobre sus hombros al girar la esquina y ver al grupito conversando en voz baja.
"¿Qué haces aquí?" preguntó uno de los niños, descruzándose de brazos y acercándose a la Tracy de diez años con los brazos extendidos listos para empujarla. "¡Nadie te invitó, eres una niña!" la acusó, como si fuera alta traición. Y a esa edad, podía calificarse como tal. Tracy abrió la boca para protestar, ya mirando de reojo una pila de libros cercana que pensaba hacer desplomar de una patada si ese niño agresivo se le acercaba un paso más.
"Déjala, William" la voz de Regulus le daba más edad que su apariencia. Era, por lejos, el más pulcro y adulto de los tres. Llevaba la camisa completamente abotonada, los zapatos lustrados, el cabello negro peinado hacia atrás y tenía un tono de madurez en la voz que ni William ni Rabastan podrían tener hasta dentro de unos seis años, como mínimo.
"¿Así que ustedes también van a entrar a Hogwarts este año?" preguntó Tracy, ya decepcionada de la calidad de sus futuros compañeros. No eran más que un grupo de niños violentos y tontos. Malcriados como ella, seguramente, pero no por eso estaban en su nivel. Aunque, bueno, el niño de cabello negro no contaba, seguramente empezaba tercero.
"A Slytherin" corrigió, pero asintió con la cabeza. "Él es William; Rabastan" el niño de cabello rubio ceniza alzó la vista hacia Tracy y la volvió a bajar hacia la paloma que sostenía entre las manos "y yo soy Regulus Black".
"Tracy Wayman" se presentó casi con desgano mientras miraba alrededor "¿Somos los únicos?" preguntó Tracy sin esconder su decepción.
"Duuh" dijo William, poniendo los brazos en jarra. "¿No ves que no hay nadie más?" preguntó.
"¡Podrías haberlos espantado con tu idiotez, nene!" exclamó Tracy, molesta.
"¿A quién le dices idiota, NENA?" devolvió William, alzando el tono de voz.
"¡Shhh!" chistó Rabastan, acariciando con demasiada fuerza la paloma. Tracy lo miró y enseguida transformó su expresión de enojo por las contestaciones de William en la más sincera mueca de asco.
"¿Qué tienes en las manos?" preguntó, dando un paso hacia atrás.
"...Una paloma" dijo Rabastan, extendiendo los brazos para enseñársela: que había sido una paloma en algún momento, seguro. El animal tenía las alas rotas, y el cuello le colgaba de forma antinatural. Los ojos los tenía bien abiertos, como el niño, pero no había signo de vida en ellos.
"¡Ewwwwwwww!" exclamó Tracy, retrayendo los brazos hacia sí como para defenderse del animal muerto y dando dos pasos más hacia atrás y uno hacia el costado, intentando esconderse tras Regulus.
"¡No hagas escándalo!" exclamó William, contradiciéndose y dándose cuenta de ello cuando Regulus exhaló con cansancio.

Una voz extraña se unió al grupo, una niña de cabello castaño muy largo y ojos verdes asomó su rostro pecoso sin ocultar sus risas burlonas.
"¿Así que todos ustedes creen que pueden entrar a Slytherin?" preguntó, riéndose en la cara de cada uno de ellos. Regulus fue el único que no cambió su expresión facial: no podía culparla por asumir que era mucho pedir del Sombrero Seleccionador que colocara a todos ellos en la casa de Salazar Slytherin. "Deben estar de broma... mírate tú" la niña pasó junto a Tracy mientras la analizaba con la mirada "¿crees que puedes entrar en Slytherin si no puedes siquiera obtener la atención y el respeto de estos niñitos?" preguntó. Tracy hizo un puchero queriendo contestarle algo, pero sabía que tenía razón: normalmente obtenía la atención de toda una habitación con solo entrar, y con estos maleducados no logró más que asquearse.
"Tú..." se detuvo frente a William y alzó el mentón "¿mucha actitud y poca acción?" preguntó, adivinando el problema. William estaba demasiado acostumbrado a que en su casa hicieran todo por él antes de que supiera siquiera lo que quería. Sabía exigir, pero aún no había tenido la chance de hacer. Pateó con el zapato el lomo de un libro de venenos que estaba en el piso.
"Mmmh" clavó los ojos en Regulus. "A ti te conozco" le dijo, sonriendo. Era otra niña cuando sonreía, su rostro parecía iluminarse y había una bondad falsa en sus palabras "¿Black, no?" le preguntó. Le extendió una mano pálida "Rebecca Livenworth".
Regulus le estrechó la mano, pero se quedó silente y sin expresión alguna. ¿Había venido ella a poner orden o a destruír el grupo que acababa de armarse? Era mejor tenerla de aliada que de enemiga. Miró de reojo a Rabastan, y sintió que Rebecca le siguió la vista y se movió lentamente hacia donde estaba él.
"Tú... una desgracia para Hogwarts, aunque entres a Hufflepuff" espetó, negando con la cabeza y dándole la espalda, queriendo quitar de su vista a la paloma muerta en esas manos llenas de tierra.
"Para que sepas" dijo Rabastan "mi familia es súper importante".
"Todas nuestras familias son súper importantes" colaboró William.
"Y la mía también" respondió Rebecca. "¿Es lo único que tienen para decir?"

"Vamos, Regulus" Sirius Black llamó desde detrás de dos mesas, alzando los libros que había comprado para ambos mientras su prima Andromeda esperaba pacientemente mirando un grupo de niños con expresiones asombradas al fondo de la tienda. Regulus asintió con la cabeza. Dio unos pasos, y se giró lentamente "Sería ideal que enfocaras tu desprecio a los que no van a verte el rostro todos los días por siete años consecutivos, Rebecca" aconsejó con la voz tranquila, "Hasta después" saludó apresurándose y esquivando con elegancia las mesas y los otros niños de la tienda. Rebecca lo siguió en silencio para encontrarse con sus padres, sin mirar hacia atrás.
"...Vaya" dijo Tracy, cruzándose de brazos mientras William y Rabastan daban unos pasos hacia el frente para flanquearla. "La odio" dijo en tono sincero y privado de emoción.
"Yo también" dijo William, mirando a Tracy de reojo.
"Yo también..." murmuró Rabastan, dejando la paloma muerta sobre una pila de libros y limpiándose las manos en el sweater.

NOTA: El ganador de este desafío fue un personaje que ya no está en el foro, así como la historia ganadora.


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