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Sexto Desafío: Títulos Predeterminados

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Anisa J Arkwright
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Sexto Desafío: Títulos Predeterminados

Mensaje por Anisa J Arkwright »

[+] Sexto Desafío
Lunes 17 de Noviembre al Viernes 12 de Diciembre.

La Oreja de Van Gogh

Esta vez tenemos un desafío un tanto diferente. En lugar de darles un tema sobre el cual escribir, les ofrecemos un título. La consigna es escribir un fic que lleve como título el nombre de alguna de las canciones de la banda española "La Oreja de Van Gogh". Pueden encontrar los títulos haciendo click en la imagen, o sino buscando en cualquier página de letras de canciones.

El ganador será anunciado el 28 de diciembre en la Cartelera de Anuncios de Lectura Obligatoria.

Los votos se realizan por mensaje privado a las Administradoras, que contarán los votos. Tienen dos semanas para votar, empezando el 12 de diciembre, en caso de no poder hacerlo en esa fecha por favor comuníquense con la administración.

Posteen su entrada como respuesta a este post inicial con la siguiente forma:

Código: Seleccionar todo

Título: 
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y lugares creados por JK Rowling, y pertenecientes a ella. Ningún dinero se ha ganado con esta historia, y no se intenta violar copyrights. Tal personaje me pertenece, al igual que la historia aquí desarrollada. 
Tipo: (¿Romance, humor, drama, general?) 
Personajes: (Opcional) 
Cantidad de Palabras: 
Comentarios del autor: 
¡Éxitos! Y si tienen alguna duda o pregunta, no tengan miedo de consultar.


Título: Irreversible
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y lugares creados por JK Rowling, y pertenecientes a ella. Ningún dinero se ha ganado con esta historia, y no se intenta violar copyrights. Ninguno de los dos personajes me pertenecen, y lloro por las noches pensando en ello.
Tipo: General
Cantidad de Palabras: 713
Comentarios del autor: Regulus is love. My love.
"¿Media-sangre?"

"Media-sangre"

Regulus inhaló profundamente haciéndose ligeramente hacia atrás en la silla del bar. Miró a los ojos al hombre sentado frente a sí, que apoyaba el mentón sobre las manos entrelazadas.

"¿Está seguro?" preguntó con las esperanzas rotas de quien espera escuchar lo improbable.

"No estaría diciéndotelo si no estuviera seguro de ello" le aseguró el hombre, que no había apreciado que el muchacho de diecisiete desconfiara de él. "Soy un buen Hit-Wizard, tengo acceso a documentación. Y esos galleones pueden comprar mucha de la que no se encuentra en el Ministerio" agregó severamente.

"Por supuesto" dijo Regulus, volviendo a recuperar la compostura y adoptando esa pose derecha y firme en el asiento. Se quedó en silencio unos segundos, mirando las manchas en la mesa de madera.

¿Cómo era posible? Se sentía indignado y traicionado. Su familia entera apoyándolo con donaciones, préstamos de servidumbre, hasta enviándole a sus propios hijos para servirle... El Dark Lord era un media-sangre. Le daba asco de sólo pensarlo.

"¿Alguien más lo sabe?" preguntó, alzando la mirada al hombre.

"Eso mismo estaba preguntándome" admitió Lamport, separando las manos y apoyándolas de palmas contra la mesa a los costados de la botella de firewhiskey. "No estoy seguro, la verdad. ¿Tus padres no fueron a Hogwarts con él?"

Regulus alejó la mirada para posarla brevemente sobre la mesa vacía de al lado. Volvió a ver a Lamport, asintiendo suavemente con la cabeza "Sí. Creo que mi padre compartió algunos años con él, pero siempre lo creyó imponente y digno de admiración. Creo que asumió que era de sangre pura, por la forma en la que hablaba"

Lamport tomó la botella de firewhiskey y la destapó, sirviendo en un vaso que empujó hacia Regulus mientras se servía un trago para sí mismo.

"Bueno, como verás, eso no es garantía de nada. ¿No es Snape media-sangre también?"

"Snape es un simple servidor de la causa" respondió Regulus sin poder evitar transmitir su desagrado en la voz.

"¿No somos eso, también?" preguntó Lamport, sonriendo con amargura mientras alzaba el vaso hasta los labios.

Hubo un largo silencio, mientras Lamport acababa con el contenido de su vaso trago a trago, y Regulus solamente lo miraba sin verlo, concentrado en sus pensamientos.

"Te sientes traicionado, ¿verdad?" la voz de Lamport hizo que enfocara sus ojos y su atención en él. "Yo siento lo mismo. Arriesgué mi trabajo, puse en peligro mi familia, ¿todo para qué? Para que se suba a nuestros hombros y se alce al poder. No representa lo que somos. No es uno de nosotros."

"Es poderoso, sí, pero se confía" agregó Regulus. Lamport lo miró con un gesto de sorpresa. "Se confía de nuestra lealtad. Será muy poderoso, pero nosotros no somos idiotas. Lo hemos descubierto, Sir Lamport, si el resto se enterara de ésto-"

"Ni se te ocurra"

"¿Qué?"

"Que ni se te ocurra" Lamport parecía sereno en su negativa. "¿Cuántos de nosotros estamos allí porque realmente daríamos la vida por la pureza de sangre?" negó con la cabeza, una sonrisa decepcionada en los labios delgados "No les interesa. Esa es la fachada de la organización, el estandarte que levantan ante la sociedad. Lo que quieren es poder, ¿y quién no?" movió el vaso sobre la mesa en un gesto casi despreciativo "Pero hubiera sido imposible reclutar a tanta gente bajo el slogan de 'Sírvanme, y quizás les permitiré la vida cuando esté en el poder', así que usó el lema de tu familia".

"Toujours Pur..."

"Toujours Pur" afirmó Lamport, poniéndose de pie. "Debería irme" tomó el saco del respaldo de su silla.

"Espere" pidió Regulus, parándose también "¿Entonces no debería decírselo a nadie, ni siquiera a mis padres... ¡o a Bellatrix! Quizás ella entendería considerando todo lo que ha-"

Lamport exhaló por la nariz, casi con cansancio "Bellatrix está completamente encantada con el poder y la crueldad de él" se acomodó el cuello del saco negro. "Nadie le creería, Regulus Black. Lo único que podemos hacer es lo que hagamos nosotros mismos. Y si ahora me disculpa, realmente debería volver a mi casa"

Regulus asintió, y se quedó de pie viéndolo marcharse. Volvió a tomar asiento, y se llevó el vaso lleno de firewhiskey a la boca, sabiendo que algo más que el coraje le quemaba en las entrañas.


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Rabastan Lestrange
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Mensaje por Rabastan Lestrange »

Título: "El Último Vals"
Disclaimer: Esta historia está basada en personajes y lugares creados por JK Rowling, y pertenecientes a ella. Ningún dinero se ha ganado con esta historia, y no se intenta violar copyrights. Ni siquiera Rebecca es creación mía, aunque ciertamente se puede decir que me pertenece de otra forma (la forma obsesiva y posesiva del interés de mi personaje, por ejemplo). No me demanden, lo hago porque no puedo dormir.
Tipo: General
Cantidad de Palabras: 1339
Comentarios del autor: Ya sé que se parece a la de William, pero la empecé a escribir antes de que la posteara. Y, ¿no que la cantante anterior de LOVG tiene un aire a Bridget Marquardt? ¿No? Bueno.
La música era fuerte en el salón, la banda en vivo sobre la tarima prolijamente decorada estaba ubicada en el medio de la pista de baile donde varias parejas daban vueltas y reían, copas de champagne en sus manos bajo la luz de los candelabros. Había un fuerte olor a jazmín, la flor que la novia había elegido para decorar todo el salón para el día de su boda.

Ella estaba sentada en la mesa principal, sonriéndole con la mirada ausente a su copa de champagne a medio llenar, escuchando de fondo la voz de sus padres hablando con los del novio tirándose halagos unos a los otros seguramente llevados más por el alcohol y la euforia en sus venas que por sentimientos sinceros.

"¿Me permite este baile?" una voz masculina preguntó, presentándole una mano enguantada de negro frente a su rostro. Rebecca alzó la vista y vio a Rabastan sonriéndole de lado, a lo que ella no pudo evitar hacer rodar los ojos y suspirar cansinamente.

"Obviamente, tarado"

Apenas Rebecca apoyó el mentón en el hombro de quien ahora era su marido, cerró los ojos inhalando profundamente. Por fin. Todo ese stress acumulado durante años, las peleas, las acusaciones, las dificultades, había desaparecido en el momento que dieron el sí. Y se rió en voz baja pensando en lo ridículo que era aquello, porque ¿qué tipo de paz era la que te hacía prisionera? Lo curioso era que, junto a él, finalmente era libre de ser quien verdaderamente era. No más la Rebecca superficial, narcisista y elitista que era lo único que los demás le permitían mostrar. Con Rabastan podía ser todo aquello y también podía ser vulgar, violenta, histérica, infantil. Podía ser lo mejor y lo peor de sí, todo el tiempo.

Mientras sonaba la música no podía evitar preguntarse si quizás no se habían apresurado demasiado. Abrió los ojos para ver a Walburga Black en una esquina, vestida completamente de negro mientras miraba hacia el frente con el entrecejo fruncido: no habían pasado aún dos meses desde que Regulus Black había desaparecido. Rabastan había parecido querer apresurar el matrimonio después de enterarse de que su mejor amigo quería abandonar a los Death Eaters, y a las pocas semanas habían perdido el rastro de Regulus por completo. Rebecca sabía, al igual que todos, que había muerto. No sabían quién había acabado con él o qué había sido de su cuerpo, pero estaban seguros de su muerte, porque Regulus nunca escaparía. Pero no podían hablar de él usando los verbos en pasado, y por eso no hablaban de él y ya. Lo recordaban, pero no lo nombraban. Era demasiado doloroso.

No sentía culpa de pensar en Regulus mientras bailaba en su amplio y blanco vestido de novia junto a Rabastan. Sabía que él comprendería por qué, y hasta a veces se preguntaba si él estaría pensando lo mismo. Regulus iba a ser el best man, y en su lugar había estado de pie Barty Crouch Jr. Era curiosa la forma en la que Rabastan pareció reemplazar a Regulus por Barty: allí donde la fidelidad hacia el Dark Lord de uno había fallado, estaba ahora Barty con su extremo fanatismo; donde Regulus complacía a sus padres adoptando la doctrina de la sangre pura, el otro ponía a los suyos en la agonía de la ignorancia. Lo más triste era que donde Regulus le daba fuerzas y lo hacía sentir normal, Barty parecía llevarlo cada vez más y más a la locura. Y Rabastan no estaba empezando con una cuenta limpia en eso de la locura, tampoco.

Rebecca tomó aire cuando sintió de repente los labios de Rabastan apoyados en su cuello, las manos que la tomaban ahora ejerciendo dolorosa presión en sus muñecas. Ni siquiera notó cuando la música había cambiado a un vals, y los invitados danzaban dando vueltas alrededor de ellos, demasiado extasiados con ellos mismos como para darse cuenta de lo que sucedía.

"¿Nos vamos?" le preguntó Rabastan, los labios apenas despegándose del cuello de Rebecca. Ella miró hacia el altísimo techo dorado del salón y contuvo una sonrisa.

"Bueno" accedió, como si a ella no le hiciera tanta ilusión como a él la idea de salir de la fiesta, sintiéndolo tomarla por la cintura mientras se abrían paso entre los invitados saludando con sonrisas rápidas, quedando ensordecidos brevemente por los aplausos y las risas. Parecía todo tan normal y alegre, como solamente podía estar en bando ganador en el medio de una guerra.

Unas horas más tarde Rebecca se giró para hundir la cabeza en la almohada, una sonrisa boba en los labios. Rabastan ya se había quedado dormido junto a ella, un brazo colgando del borde de la cama. Nunca lo había visto dormir así. Encontró tentador pasarle una mano por el cabello desordenado y húmedo, ahora que él no era capaz de ver el gesto cariñoso. No fuera Rabastan a pensar que ella lo hacía por él.

Se lamentó a medias el no haber pensado los pro y contras antes. Lo vería menos que cuando estaban en Hogwarts, y básicamente era libre de hacer lo que quisiera. Excepto... eso. Pero daba igual. La única amenaza real siempre había sido Regulus y, a decir verdad, nunca pensó que pudiera suceder. No por falta de ganas, por supuesto. Se desenredó de las sábanas y se puso de pie, caminando por entre la ropa arrojada en el piso y el cubrecamas hecho un nudo en un costado. Se detuvo frente al closet, con las puertas espejadas, y dio una ojeada hacia Rabastan.

Frunció el entrecejo cuando notó una marca en el brazo que colgaba del borde de la cama. Era una mancha, según ella veía ahí de espaldas y observándolo por el reflejo. ¿Cuándo lo había mordido ahí? Estaba segura de que ella no había sido. Y era un lugar extraño para golpearse, el antebrazo... Se giró con la boca abierta cuando entendió. ¿Era cierto, entonces, lo de la marca tenebrosa? Había visto una en el cielo una vez, y leído sobre ellas en El Profeta en una columna que no parecía de fiar, pero no sabía que ellos se las hacían...

Se acercó en silencio y se sentó en el borde de la cama, inclinándose hacia adelante para ver el brazo. No parecía un tatuaje. Estaba borroso. Rebecca rió en voz baja: ¿sería Rabastan tan tarado como para andar dibujándose cosas en el brazo? No iba a madurar nunca, de eso estaba segura. Escuchó unos leves ronquidos y rodó los ojos, si la llegaban a despertar alguna vez iba a sellarle las fosas nasales. Aprovechó para tomar el brazo y apoyarlo sobre su propio regazo.

Iba a limpiarle esa mugre ridícula del brazo. Acercó los dedos a la piel y los retiró de inmediato: la mancha borrosa comenzó a delinearse, lentamente, como si ahora corriera tinta por las venas de Rabastan, dándole el contorno a la calavera y la serpiente. Iba a gritar cuando él le ganó por unos segundos. Sentía que la piel le quemaba, y se incorporó en la cama mirándola extrañado. Ella abrió la boca y escuchó un sonoro trueno detrás de la puerta de la habitación.

Rebecca lo miró frunciendo los labios en gesto de desaprobación, y se escucharon unos leves golpes en la puerta.

"Permiso" se anunció Barty abriendo la puerta pero sin mirar hacia el interior de la habitación. "Nos llaman, Rabastan" avisó "espero acá afuera", y cerró la puerta.

Rabastan se puso de pie, apurándose para cambiarse. Rebecca se cruzó de brazos, y no supo si reclarmarle primero o desearle que un hipogrifo lo cague encima apenas saliera de la casa. "¿Te vas? Son las cinco de la mañana" comentó ella, alzando una ceja.

"Lo sé, cosas que pasan" dijo mientras agarraba la varita que estaba en la mesa de luz y se la guardaba en el bolsillo de la túnica. Salió de la habitación y Rebecca escuchó el crujido de ambos desapareciendo. Pateó uno de sus zapatos hacia el closet, dando en el vidrio y haciéndolo trizas.


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