Beyond Hogwarts RPG - Foro de rol Play-By-Post ambientado en el mundo de Harry Potter
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Galeno y Green

La capital de Inglaterra, ciudad del Ministerio de Magia, la estación King's Cross, Tower of London, Buckingham Palace, Piccadilly Circus, Soho, Westminster Abbey, Houses of Parliament, Big Ben, St Paul's Cathedral, The British Museum, y cualquier otro lugar que se te ocurra.
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Emma Goulding
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Con la llegada de Luka a su vida, Emma veía poquitísimo a Alfie y no se podía decir que eran unas visitas de calidad. No supo cómo pero de repente se había convertido en segundona. Alfie no quería dormir en su apartamento porque debía estar pendiente de que Luka llegase a casa y que comiera porque se saltaba las comidas como si nada. Alfie estaba haciendo de niñero y lo hacía con gusto, Emma no sabía porqué, pero era como si la estuviese evitando, no de una manera obvia porque le seguía sonriendo, abrazando y besando como siempre, pero había algo más. Emma creía que conocía a Alfie del todo, que, si él le estaba ocultando algo, ella lo sabría con solo verlo a los ojos pero se equivocaba. Había algo allí detrás de su mirada pero Emma no está en las capacidades para leerlo. No conocerlo completamente le daba una sensación inquietante, como un miedo de que Alfie fuese hacer algo inesperado que le afectará, algo parecido a su miedo de que la engañase de nuevo pero no era igual. De nuevo, no sabía qué era.

Para estos casos de incertidumbre, Emma solía acudir a Oliver, porque él de alguna manera le daba cierta luminosidad a su camino con sus palabras rimbombantes y algo así como sabias, pero era de Alfie de quién iban a hablar y estaba claro que ese tema estaba lejos de la mesa en sus conversaciones.
Emma estaba sola por el mundo y deseó no estarlo.

Allí fue cuando Green's se apareció en su camino.
Emma llevaba un tiempo con problemas para dormir. Entre que no tenía los brazos de Alfie como almohada y la reciente acumulación de inquietudes sin fundamentos, alcanzar el sueño profundo se le ha hecho casi imposible. Llegaba a trabajar con el rostro cansado y en la corazón eso daba pie a que la gente hablara e hicieran conclusiones precipitadas: 'Seguro su novio no la atiende', 'Debe estar comiendo carbohidratos, escuché que eso causa fatiga', 'Obviamente no está haciendo ejercicio, ¡Mírale las caderas! La falta de energía es por eso, obviamente'. Lo peor es que le pasaban las tres cosas. Gracias a Merlín que Emma no escuchaba rumores o ya se habría vuelto loca o gorda.

Se detuvo frente a la entrada y miró a través de la vidriera, con desconfianza. Suspiró y empujó la puerta. Un olor fuerte que no lograba identificar le llenó las fosas nasales. Arrugó la nariz pero no porque le desagradara el olor, es que era muy fuerte e inesperado. Miró a su alrededor, con recelo, sintiéndose estúpida por no acudir a una verdadera tienda (o sea, una mágica) para buscar una poción que le arreglara su problema. -Ya estoy aquí.- Pensó, y ya que lo estaba no perdía nada con preguntar.

"Buenas tardes." Dijo con su normal tono agudo pero al mismo tiempo suave. Su mirada estaba puesta en el mostrador, admirando los productos mientras su cabeza se remontó a sus clases de pociones, tratando de buscar los nombres de los ingredientes que podría necesitar, porque era claro que ahí no daban pociones ya hechas.
Estaba esperando a que le contestaran el saludo. Estaba acostumbrada a que se los contestaran.


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Emma alzó la vista y miró a su alrededor. Estaba segura de haber visto a alguien en el mostrador. Miró el libro sobre él. Si, definitivamente había alguien allí detrás del mostrador leyendo un libro. "¡Buenas tardes!" Repitió, alzando la voz. No tenía sentido. Quien sea que atendiera no podía haber corrido hasta la trastienda sin que ella lo notara, además, ¿Qué onda con esa actitud? ¿No se supone que tienen que comportarse de maravilla con los clientes para mantener esa tienducha a flote? Emma se acercó al borde del mostrador y fue cuando vio una cabellera rubia (porque eso era rubio, ¿No?) "Buenas tardes." Le dijo a la chica en un tono menos condescendiente. Estaba bien, cuando se levantara y la saludara como se debe ella le sonreiría y pretendería que no la ignoraron. Estaba casi segura de que eso de esconderse de los clientes no era una costumbre muggle porque no es la primera vez que entra a una tienda no mágica. Su calle estaba llena de panaderías, cafeterías y un poco más allá tiendas de ropa de marca, porque su renta exorbitante no es nada más por el edificio sino por la zona y las facilidades de los alrededores. A Emma le gustaba tomar el té en una cafetería estilo francés que estaba a dos puestos de Green's, por eso le pasaba casi todos los días por el frente y nunca había entrado.
Y si la atención era así, seguramente no volvería a entrar.


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Emma saltó hacia atrás de la impresión al ver a la muchacha emerger del suelo con el rostro pintado de blanco y el cabello de un amarillo verdoso horrendo. Pobre, seguro no tiene dinero para pagarse una peluquería. Emma le sonrió esbozando sus pequeñísimos dientes blancos, arrugando la nariz al hacerlo, tanto porque era normal cuando sonreía como porque estaba esperando que el olor a la cosa que se haya echado en la cara le llegara a la nariz. "Hola, si. He tenido algunos problemas para conciliar el sueño. Los tés no me sirven de mucho. He probado con valeriana y pasiflora. Aunque me relajan y duermo, me despierto a mitad de la noche." Explicó, aflojándose un poco la bufanda. "Si sabes de lo que te hablo, ¿Cierto?" Preguntó, para confirmar, desconfiando totalmente de los conocimientos de la chica.

Se le era casi imposible reconocer a Regina debajo de tanta mescolanza y con el cabello de ese color tan distinto a su hermoso castaño chocolate. La sonrisa se le hacía familiar, sin embargo, pero después de tanto tiempo sin verla simplemente no era la primera persona en la que pensaba.


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Emma hacía lo posible por sostenerle la mirada pero la crema en la cara de la vendedora la ponía nerviosa, así que su mirada se paseaba por el mostrador, como si estuviese interesada en otros productos. Los cambios en los tonos de voz también la desconcertaron, pero no le dio mucha vuelta. Todos los días nacen personas con voces graciosas y pésimo gusto para los tintes de cabello.

La miró por unos segundos. Emma no disfrutaba particularmente charlar de su vida con la gente, especialmente con sus compañeros de trabajo, pero debía admitir que le hacía falta charlar con alguien. Ésto de no ser simpática le estaba comenzando a pasar factura.

Soltó un suspiro mientras veía el precio de las hojas de stevia "Si, bueno, el trabajo siempre ha sido estresante, ese no es el problema." Admitió. Cuando se unió en la corazón, ella estaba clarísima que todos los días iban a ser un ir y venir con tacones entregando mensajes, llevando paquetes, llamando personas, sonriendo como si no te dolieran los pies y como si amaras cada segundo del día, especialmente cuando te ordenan cosas por montones "Debería renunciar." Comentó, ensimismada en sus pensamientos. Era el cansancio, ella no suele desconectarse del mundo así. Agitó la cabeza, tratando de despejarse. Ese no era ni el momento ni el lugar. "Mi novio me tiene preocupada, eso es todo." Dijo con una pequeña sonrisa, quitándole importancia al asunto. La vendedora no querría oír sus problemas, porque son de ella y de nadie más. Ojalá Ollie no odiara a Alfie, ojalá Regina no le estuviese dando la vuelta al mundo en un millón de días.


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Siete años. Siete años Emma estuvo escuchando esa risita inconfundible pero, ¿Cómo es que ahora no recordaba dónde la había escuchado antes? -Pueden haber dos risas iguales.- Se dijo Emma, y dejó de darle vuelta al asunto.

Se puso a pensar mirando sus uñas pintadas de rojo "Mi trabajo definitivamente no es sencillo." Dijo soltando las palabras como en un bufido. No era física cuántica pero definitivamente había que tener mucha paciencia y estar en buena forma para hacer las cosas bien. Alzó la mirada para ver a la vendedora con los ojos entrecerrados, esperando no estar perdiendo el tiempo contándole su problema "Es más como si tuviese muchos pensamientos en la cabeza, entonces les doy tanta vuelta que, en el caso de quedarme dormida, tengo sueños intranquilos y me despierto. La mayoría de las veces no puedo volver a dormir." Llevó una mano al mostrador, tamborileando el vidrio con los dedos "¿Me entiendes?" Preguntó. Se estaba arrepintiendo. Si no podía sentirse cómoda con lo que una muggle le iba a dar no debió entrar en primer lugar. Suspiró mentalmente. Siempre podía no tomar lo que le diera y de todas formas comprarle. La pobre se nota que necesita dinero para ir a una peluquería y ella seguía siendo rica. Si tan solo pudiese darle el último número de la corazón, la edición de mayo tenía un excelente artículo para cuidado del cabello.


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De un segundo para otro Emma ya no sentía nervios de ver a la cara a la vendedora. Luego de su explicación le agarró mucha más confianza y ese sentimiento de que la conocía de otro lado se afianzó cuando comenzó a observar sus movimientos. Emma no hacía esas cosas, ella no era detallista para las cosas que no le importan y definitivamente ver los gestos de la gente no era algo que le interesara, pero había algo delicado en la forma de moverse de la vendedora que le llamó profundamente la atención. Se sintió en una especie de deja vu, excepto que no era un deja vu.

Se acercó a ver las raíces dentro del frasco por un segundo antes de volver a alzar la mirada hacia la vendedora. Trató de calcularle la edad pero era complicado con esa mascarilla que llevaba. Bajó los ojos y le observó las manos que era otra manera de ver si era joven o no tanto. Efectivamente lo era. Tenía las manos suaves y tersas, de tener más de treinta (o cercano a treinta) no las tendría así. Su trabajo requería meter, sacar, acomodar y recortar plantas, eso afecta a las manos definitivamente. Volvió a alzar la mirada cuando mencionó lo de la lavanda debajo de su almohada. Sus conocimientos le recordaron a otra persona. -Los Hoovers.- Se dijo. Ellos eran herbolarios, ellos hablaban de esas cosas en sus visitas aunque no iban entorno a la hora del sueño sino más a las infusiones que incrementan la fertilidad. A Emma siempre le daba pánico estar alrededor cuando los Hoovers hablaban de plantas.

Estaba a punto de preguntarle de dónde sabía todas esas cosas cuando le lanzó la pregunta sin ningún aviso. Si hubiese sido cualquier otra persona se habría sobresaltado, sorprendido o algún otro sinónimo para el mismo gesto, pero Emma trabajó toda su vida para no demostrar emociones fuertes frente a desconocidos así que, a pesar de que su ritmo cardíaco se aceleró, simplemente esbozó una sonrisa "No, no lo estoy. ¿Por qué? ¿Me veo radiante?" Bromeó, hablando con una suavidad impropia de cuando alguien hace bromas. Ella no era bromista pero ha aprendido a soltar uno que otro chiste gracia a Alfie que era carismático por naturaleza. No siempre salían bien, no sabía si le había salido bien esta vez.


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Pensó en contestar algo así como '¿Entonces no me veo radiante?' para continuar con la broma pero cuando se le ocurrió ya era muy tarde y no iba a quedar bien. Aparentemente todavía no estaba cerca de ser el alma de las fiestas pero iba encaminada dando sus minúsculos pasos de bebé con tacones.

Se apartó unos centímetros del mostrador y observó con curiosidad cómo la dependienta lo limpiaba con afán. Trató de recordar si estaba sucio antes pero no pudo. Esto de no dormir hacía verdaderos estragos con su memoria. Alzó la vista, posando sus ojos azul grisáceo en los oscuros y rodeados de blanco de la vendedora. Sonrió subiendo ligeramente las comisuras de los labios "Está bien, yo entendí lo que quisiste decir." Le dijo con tranquilidad pues la explicación que le dio tenía mucho sentido. Se rascó detrás de la oreja pensando nuevamente si debía o no contarle los problemas a una muggle desconocida que seguramente no va a volver a ver porque no regresaría a ese local. No engañaba a nadie diciendo que ella frecuentaría una tienda muggle, no importa qué tan bien la atendieron. Apretó los labios "Es más una cuestión de incertidumbre. Él está actuando extraño pero a la vez igual que siempre pero me da la sensación de que va a ocurrir algo, que él hará algo, no sé si me explico." Le dijo finalmente, pensando que tal vez hablando su mente se aclare y no necesite hacer ninguna pócima muggle para dormir.


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Tal vez el problema no era ella sino la dependienta que tenía un aire de que le podía confiar cosas que Emma no veía con frecuencia. Ella, a decir verdad, no confiaba en muchas personas y creía fervientemente que los secretos sólo deberían conocerlos las personas que están íntimamente relacionadas. ¿Por qué, entonces, estaba ella contándole a una desconocida que sentía que su novio le estaba ocultando algo? El problema no podía ser Emma, el problema era la chica crema, porque siempre es más fácil echarle la culpa a los demás.

"Si, más o men..." Se interrumpió al ver al Dr. Green entrar en la habitación. Escuchó atentamente al no tener nada mejor que hacer y no pudo hacer menos que fruncir el ceño ante los gestos y las palabras que se intercambiaban. Cabe señalar que Emma no tuvo chance de ver la cara a medio encremar de Regina, pero sí le sonaba todo muy extraño. Ya no se sentía cómoda.

"Buenos días." Saludó porque la cortesía siempre va por delante y volvió a mirar a la dependienta "¿Todo está bien?" Preguntó con extraño interés. La chica se había quedado inmóvil, ¿Será que no tenía buena relación con su jefe? Era difícil leer los gestos de alguien con una mascarilla.


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Normalmente uno nunca sabe cuáles van a ser los momentos que uno recordará por siempre, pero esto no era así. Emma sabía, en el exacto momento que Regina comenzó a alzar la cara, que ella recordaría este día a la perfección, sin importar las noches sin dormir o todos los problemas que la aquejaban. Emma recordaría el nombre de la tienda, el número de la calle, el olor concentrado de hierbas, el calor que le estaba dando la bufanda azul, lo primero que pensó del desafortunado color del cabello de Regina y en la mezcolanza de sentimientos que la invadieron. Pudo sentir el latir de su corazón y estaba segura de que si bajaba la mirada a su pecho lo vería retumbar. Sin embargo, Emma no hizo tal cosa, ella se le quedó viendo a Regina con el rostro sin expresión alguna pero tenso por todos lados.

Estaba segura de que había ahogado un respiro y que su pie no estaba detrás de ella hace segundos atrás, más no estaba segura de la expresión que puso en el momento que se dio cuenta pero quería creer que no fue de horror o de tristeza, pese a sentir un poco de ambas.

El punto no era reencontrarse con Regina, todos lo saben, el problema eran las condiciones en las que lo estaba haciendo. Emma no sabía qué pensar, básicamente porque estaba pensando muchas cosas a la vez. Por un lado estaban sus ganas de abrazarla (a sabiendas que Regina nunca fue una chica de abrazos) y de decirle lo mucho que le extrañó porque Merlín sabía que era cierto; por el otro estaba el asunto que estaba aquí, en Londres, cuando se suponía que estaba viajando por el mundo con su hermano Oscar. Emma se había enterado del suicidio de la madre de Regina cuando estuvo en Australia y debía admitir que no había hecho todos los esfuerzos que estaban a su alcance para poder contactarla y asegurarle que ella estaba allí si la necesitaba, sin embargo, era Regina de quien estaban hablando y ella era casi una roca, tan fría y dura como una. Emma supuso que todo estaba bien.

Ya veía que no lo estaba.

Tragó saliva, tratando de pensar dos veces lo que iba a decir, pero el tiempo pasaba y Emma no decía nada, aunque, ¿Qué se supone que debe decir? 'Hola, tiempo sin verte. ¿Me dejas llevarte a una peluquería? Te ves terrible', '¿Dónde se supone que has estado? ¿Tu familia sabe que estás acá?', 'Mi vida va cuesta abajo, fue un pésimo momento para desaparecer, ¿Lo sabías?'. No, no podía decirle nada de eso. Sus primeras palabras no podían ahuyentarla. Emma necesitaba de su amiga ahora y no podía arriesgarse a perderla diciendo algo equivocado.

"Estás acá." Fue lo que pudo decir. Sosas es como describiría sus palabras. Ya tendría tiempo para arrepentirse de no usar su estupendo léxico en un momento cumbre de su vida.


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Muchas cosas habían cambiado en ella desde la última vez que se vieron y Emma tendría que admitir que su personalidad había sufrido muchos altos y bajos. Sin embargo, como con todo, algunas cosas se mantenían, entre las cuales estaba su confiabilidad en cuanto a secretos se trataba. Emma sabía de las tendencias de Regina hacia los chismes y apuñalar a la gente por la espalda, más nunca creyó haber sido una de sus víctimas. Llámalo inocencia o confianza, como quieras. También que, en sus años escolares, Emma no hacía otra cosa que estudiar, leer y luego, en sus últimos años, suspirar por su novio mayor del que nadie sabía nada.

Se relamió los labios con los ojos fijos en ella. No sabía nada de lenguaje corporal pero Emma tenía un poco más empatía que una cuchara, así que podía sentir cómo su mejor amiga estaba pasando un mal rato, y por lo mismo, intentaba controlarse lo mejor que podía para no lanzarle todas las preguntas que se hizo inicialmente. -Un paso a la vez-.

Al igual que con el cabello, Emma no pudo evitar pensar acerca del nombre que había elegido, porque a ella también le llegaban pensamientos absurdos de vez en cuando. Es decir, ¿Birdie? Claro que desconocía sus razones pero, ¿Birdie? ¿De todos los que pudo haber elegido y escogió ese? En menos de un segundo se le ocurrió una lista nombres mejores que ese. Pero, de nuevo, no dijo nada al respecto por miedo a espantarla. Era casi como si temiera que desapareciera de un segundo a otro, abandonándola cuatro años más. Emma no podría vivir sin amigos cuatro años más.

Luego de unos segundos de silencio donde pensó ese montón de cosas, se acercó al mostrador "Creo que necesitaré más explicación que esa para entender." Le pidió. No sonaba molesta, tal vez un tanto recelosa.


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"La verdad." Pidió con suavidad porque no estaba en posición de exigirla. Se sintió muy mal de repente. Todo este tiempo, sabiendo lo que había pasado y ella no había tratado de contactarla realmente. En la reunión de egresados no se molestó en buscarla entre la gente, asumiendo que no estaba allí. Sólo había que tener dos dedos de frente para imaginarse que Regina no podría estar viajando por el mundo durante tanto tiempo. No podía decir que conocía el alma de Regina, ni cerca estaba de conocer su personalidad entera dado lo reservada que era, pero no la veía como una persona nómada, quizá porque, erróneamente, imaginaba gran parte sí misma cuando la veía.

Las cosas no se pusieron mejores cuando le contó. No le habían contado la historia con tantos detalles macabros, tan solo un simple suicidio. Ningún suicidio es simple, debió pensar, pero ella no pensó y por eso era la peor amiga del mundo.

Se acercó al mostrador y le colocó una mano sobre la de ella, la que estaba limpiando con innecesario afán la ya limpia vitrina. No supo porqué hizo eso. Sabía que a Regina no le gustaba que la tocaran y que esa mano reconfortante no iba a reconfortar para nada. Igual la dejó allí y no dejó de verla aunque ella no le veía. "Pero no tenías que terminar acá." Dijo con honestidad. Pudo haberse ido al otro lado del planeta. A Australia, por ejemplo, donde nadie sabía quién era. Pudo haber sido herbolaria allá, pudo tener una vida decente y un color de cabello bonito. Tantas cosas que pudo haber hecho y Emma no entendía porqué elegir esto por encima del resto.

"¿Por qué no viniste a mi? Yo pude ayudar." Hizo una pausa "Puedo ayudar." Se corrigió. No tenía idea de cómo pero ya resolvería.


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Levantó la mano y la dejó en el aire unos momentos. No esperaba una reacción así, pero tampoco una mucho mejor. Contrajo la mano y se la agarró con la otra, casi sobándosela. Se relamió los labios, sintiendo el sabor a su pintura de labios. También recordaría eso, probablemente. Todo este encuentro se le iba a guardar dolorosamente en la memoria, como un tatuaje feo del que te vas a arrepentir toda tu vida y tratarás de cubrirlo con maquillaje. Emma no podía cubrir a Regina con maquillaje, y aun sabiendo que lo que ella quería era que la dejaran en paz, no podía concederle eso. Creía fervientemente que podía ayudar, tal no el cómo pero se vería sobre la marcha. No podía darle la espalda otra vez, era algo que Regina debía entender.

"No seas así, Regina." Le dijo, sonando como a Alfie cuando Emma le reclamaba algo. "Vivo cerca de aquí, ¿Me dejas que te prepare un té?" Preguntó, culminando con una sonrisa. Ni se entera que tiene una tienda que atender.


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Y entonces entendió. Ya sabía porqué Alfie no podía dejar a Luka en la calle, a su suerte, cuando él pudo haber hecho algo para ayudarlo. No era la misma situación, por supuesto. Regina no estaba desempleada, con vicios (aparte del de la limpieza) o sin techo. Emma suponía que no debía vivir mal pero con este empleo que se gastaba no podía estar bien. Ni ella, con su empleo en la revista principal de brujas tenía para pagarse su departamento en Chelsea, sus papás lo hacían. Regina debía vivir en un barrio no tan bonito como este, en un departamento pequeñísimo. No debía salir a cenar, a comprarse ropa nueva, a la peluquería o poder experimentar con pociones raras por no poder pagarse los ingredientes. Sonaba estúpido y superficial pero para Emma ese es su estilo de vida y el que suponía también era el de Regina. Sabía que ella quería seguir con eso pero no podía dejarla así, no cuando ella podía hacer algo. Necesitaba ser el Alfie para Regina.

"¿Y qué esperas que haga? ¿Fingir que no existes?" Preguntó, un poco más exaltada. "No puedo hacer eso, Bir-die." Dijo, honestamente.


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Emma la siguió con la mirada con los ojos bien abiertos y la mandíbula apretada. Esta no era la Regina que ella había conocido, definitivamente. Regina Duke jamás se inmutaba, era elegante y decía las cosas con suavidad, como si te sedujera con cada frase que pronunciaba. Era una habilidad que Emma siempre le envidió. Extrañaba todo eso.

Se puso erguida aunque eso no fuese a hacerla más alta y miró a Regina (no Birdie) con la mirada más fuerte que tenía "No te voy a comprar esos polvos muggles, Regina." Contestó tajante sin quitarle los ojos de encima. "Tienes que venir conmigo. No le voy a decir a tus padres si eso es lo que quieres." Le dijo, tratando de sonar decidida pero tenía un dejo de súplica en su voz. "Esto," señaló el piso con el dedo índice "es una locura. Tú no estás hecha para vivir así." Hizo una pausa "No mereces vivir una vida así." Tragó saliva y respiró, alejándose un paso de ella. "No me iré de acá hasta que vengas conmigo, no como Birdie sino como Regina, y algo me dice que no podrás hacer algo respecto." Dijo, segura de sus palabras. Emma no sabía si Regina tenía su varita o no, pero muchas cosas le estaban indicando que no estaba usando la magia para vivir, y cualquier mago con tres dedos de frente y una varita en mano usaría la magia para vivir.


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Mensaje por Emma Goulding »

Emma podía ver la desesperación de Regina en sus gestos y la verdad es que no quería verla así, ¡Era tan contraproducente! Se supone que debía hacerla sentir bien, a salvo, que no todo estaba perdido, pero parecía que acabara de estallar una bomba en la mente de su amiga. Algo no estaba haciendo bien.

La leve recuperación de compostura de Regina hizo que Emma pudiera pensar con más claridad. Odiaba cuando se dejaba llevar por lo que sentía pero era difícil, la había extrañado y la necesitaba, y tal parecía que el sentimiento era mutuo aunque Birdie no lo admitiera.

"Entiendo," le dijo "que tienes responsabilidades y te dejaré con ellas, pero no esperes de mi más que eso, Regina, no puedo darte la espalda aunque tú creas que eso es lo que quieres. Yo puedo ofrecerte más de lo que crees y eso incluye protección. Me voy a ir pero, por favor, piensa en lo que te estoy diciendo. Volveré mañana. Espero que estés más tranquila." Amagó con acercarse y tocarle, no sé, la mano, el hombro, algo, pero se contuvo. No era el momento para ponerse tocona con una persona que nunca le gustó ser tocada.


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